Golpe de calor en avicultura: cómo proteger a tus aves este verano
Agosto es, cada año, el mes más peligroso en cualquier granja avícola. Las olas de altas temperaturas no solo incomodan a las aves: pueden desencadenar un golpe de calor en cuestión de minutos y provocar caídas de puesta, peor calidad de huevo o mortalidad en el lote. Entender por qué ocurre y qué se puede hacer, tanto a nivel de manejo como de nutrición, marca la diferencia entre una temporada complicada y una crisis productiva que compromete la vida del animal.
¿Qué es el golpe de calor y por qué las aves son tan vulnerables?
El golpe de calor —también conocido como shock térmico— se produce cuando el ave ya no consigue disipar el calor que recibe del ambiente y el generado por su propio metabolismo. Así, su temperatura corporal sube por encima de lo que su organismo puede tolerar. Como referencia, las gallinas ponedoras se mantienen cómodas en una zona termoneutral de entre 19 y 22 °C, y los pollos de engorde entre 18 y 22 °C; por encima de ese rango, el ave empieza a esforzarse activamente para regular su temperatura.
A diferencia de otras especies ganaderas, las aves no tienen glándulas sudoríparas, así que no pueden refrescarse sudando. El plumaje, además, actúa como un aislante que dificulta la pérdida de calor por la piel. Sus únicos recursos reales son dos: por un lado, dirigir más flujo sanguíneo hacia las zonas sin plumas —cresta, barbillas y patas— para irradiar calor al ambiente y por otro, el jadeo, es decir, abrir el pico y acelerar la respiración para perder calor por evaporación en las vías respiratorias.
Aquí aparece la paradoja que hace tan peligroso el golpe de calor: el propio jadeo, al implicar un trabajo respiratorio y muscular constante, genera calor metabólico adicional. El ave, en su intento de enfriarse, produce más calor del que consigue eliminar. Además, ese jadeo sostenido provoca una hiperventilación que reduce los niveles de CO2 en sangre y altera el equilibrio ácido-base, derivando en alcalosis respiratoria. Este desequilibrio no solo debilita al animal, sino que reduce la disponibilidad de carbonato cálcico que la gallina necesita para formar la cáscara del huevo, lo que explica por qué durante las olas de calor aparecen huevos con cáscaras más finas y frágiles.
A todo esto se suma el estrés oxidativo: la ciencia describe cómo el estrés térmico agudo dispara la producción de radicales libres y daña el equilibrio antioxidante del ave, lo que explica por qué el impacto no es solo «pasar calor», sino un desgaste fisiológico real y acumulativo que reduce su capacidad de reacción frente a otros desafíos sanitarios.

Pollos de engorde y gallinas ponedoras: diferente calor en diferentes aves
Aunque el mecanismo de base es el mismo, las consecuencias cambian según la orientación productiva y la fisiología de cada tipo de ave:
- Pollos de engorde: su selección genética para un crecimiento rápido implica una masa muscular pectoral muy elevada en relación con su superficie corporal, lo que reduce la proporción de piel disponible para disipar calor frente al volumen de tejido que lo genera. Cuanto más cerca están del peso de sacrificio, peor relación superficie-volumen tienen para perder calor. Además, el calor compromete la barrera intestinal y el estado antioxidante: la investigación en broilers ha demostrado que el estrés térmico altera la microbiota intestinal y reduce la integridad de la mucosa, lo que se traduce en peor conversión de pienso y menor ganancia de peso (DOI: 10.1016/j.psj.2022.102408).
- Gallinas ponedoras: en su caso, el impacto es sobre todo reproductivo y hormonal. Un estudio con gallinas Hy-Line Brown expuestas a temperaturas de 35-37 °C mostró que el calor desencadena apoptosis (muerte celular programada) en las células de los folículos ováricos y altera la proporción entre estradiol y progesterona; como resultado, se reduce el número de folículos disponibles y cae la producción de huevos ya desde el tercer día de calor (DOI: 10.1016/j.psj.2020.07.024). Otro trabajo con índice de temperatura-humedad (THI) elevado registró caídas de hasta un 30% en el consumo de pienso y un 11% en la producción de huevos, además de cáscaras más finas y peor calidad interna (DOI: 10.3390/ani14071076).

En definitiva: el broiler sufre principalmente un problema de «exceso de motor sobre poca carrocería» para perder calor, mientras que en la ponedora el golpe de calor afecta directamente al eje reproductivo y a la calidad de la cáscara. Consulta también la importancia de la salud intestinal en avicultura para entender cómo protegerla durante todo el año, más allá de los episodios de calor.
¿Cómo detectar los síntomas del golpe de calor a tiempo?
Reconocer las señales pronto es la mejor defensa. Presta atención a:
- Jadeo intenso y sostenido, con el pico abierto de forma constante.
- Alas separadas del cuerpo, buscando perder calor por las zonas con menos plumaje.
- Aves apáticas, con el plumaje pegado al cuerpo y poca actividad.
- Menor consumo de pienso, mientras que el consumo de agua aumenta notablemente.
- En los casos más graves, temblores, movimientos erráticos o pérdida de conocimiento.
Si observas varios de estos signos en el mismo lote, es momento de actuar sin demora: cada hora de exposición sin corregir la situación aumenta el riesgo de mortalidad.
Manejo ambiental: la primera línea de defensa
Antes de pensar en nutrición, hay que garantizar que la nave ofrece las condiciones mínimas para que el ave pueda disipar el exceso de temperatura, especialmente durante las olas de calor de agosto:
- Ventilación eficaz: generar corrientes de aire dentro de la nave reduce la sensación térmica real, no solo la temperatura del termómetro.

- Sombra y aislamiento: evitar la radiación solar directa sobre cubiertas y paredes ayuda a que la temperatura interior no se dispare.
- Agua fresca y abundante: revisar que todos los bebederos funcionen y que el agua no se caliente en exceso; la ingesta de agua es la primera vía de compensación del ave.
- Reducir la densidad si es posible: menos aves por metro cuadrado significa menos calor metabólico acumulado en el conjunto de la nave.

- Ajustar los horarios de manejo: concentrar tareas y suministro de pienso en las horas más frescas del día reduce el estrés añadido.
El papel de la nutrición frente al estrés por calor
El manejo ambiental es la base, pero la nutrición es la herramienta que permite actuar sobre cada uno de los frentes fisiológicos: la pérdida de líquidos y electrolitos, el estrés oxidativo, el daño a la mucosa intestinal y el desgaste del sistema inmunitario. Garantizar el bienestar de tus aves durante una ola de calor pasa por tomar medidas preventivas en varios frentes a la vez:
- Electrolitos: el ave pierde sales minerales por el aumento del jadeo y del consumo de agua; reponer sodio, potasio, cloro y bicarbonato ayuda a mantener el equilibrio hídrico, favorecer la hidratación y evitar la deshidratación, que es la principal causa de bajas asociada al estrés térmico. Una rehidratación bien planteada también ayuda a corregir parte del desequilibrio ácido-base provocado por la alcalosis respiratoria.
- Antioxidantes: compuestos como el selenio han demostrado mejorar el consumo de pienso, la ganancia de peso y la respuesta inmunitaria en aves sometidas a altas temperaturas (DOI: 10.1007/s12011-015-0275-x). Otros antioxidantes como la vitamina E, combinados con flavonoides como la quercetina, han mostrado además mejorar específicamente la función del oviducto (conducto tubular del aparato reproductor de la hembra), el metabolismo del calcio y la calidad de la cáscara en gallinas sometidas a calor (DOI: 10.3390/ani14111554).
- Soporte de la salud intestinal: el calor daña la integridad de la mucosa intestinal y aumenta su permeabilidad, lo que facilita el paso de bacterias y toxinas al torrente sanguíneo. Aportar nutrientes y aditivos que favorezcan la reparación de esa barrera —y que sostengan una microbiota intestinal equilibrada— ayuda a que el ave siga aprovechando el pienso que consume incluso en plena ola de calor. La investigación en broilers respalda este enfoque, mostrando que suplementos como la glicina protegen la barrera intestinal dañada por el calor (DOI: 10.1016/j.psj.2022.102408).
- Probióticos y fitobióticos: distintos estudios en gallinas ponedoras de edad avanzada muestran mejoras en la producción de huevo y en la salud intestinal cuando se incorporan probióticos específicos durante episodios de calor (DOI: 10.1016/j.psj.2026.107039).

Dentro de la gama de AMBiotec hay distintos suplementos que encajan en esta estrategia integral. Para el tracto intestinal, RFN WS es un probiótico a base de levaduras que aporta, junto con las propias levaduras, todos los metabolitos derivados de su fermentación, favoreciendo un ecosistema intestinal más equilibrado justo cuando la mucosa está más comprometida por el calor. Finalmente y como complemento adicional para la salud digestiva general en estas épocas, productos fitobióticos como Cocci Cero están orientados a modular la microbiota intestinal y proteger la mucosa digestiva mientras se siguen alimentando con pienso.
La combinación entre ellos y la dosis debe ajustarse en función del estado del lote y del momento productivo pero siempre con el objetivo de prevenir y mantener la salud y el bienestar animal.
Conclusión: prevenir el golpe de calor antes de que llegue
El golpe de calor en avicultura no es un simple «pasar calor»: es una cascada fisiológica que va del jadeo a la alcalosis respiratoria, del estrés oxidativo a la caída hormonal y que termina traduciéndose en menos huevos, peor calidad y más mortalidad. Entender ese mecanismo, diferenciar cómo afecta a broilers y a ponedoras y combinar manejo ambiental con un soporte nutricional adecuado es lo que permite convertir una ola de calor en un contratiempo controlado en lugar de una crisis productiva.
El golpe de calor no se resuelve el día que aparecen los primeros síntomas: se previene semanas antes, revisando ventilación, bebederos y programas nutricionales. Adelantarse a las olas de altas temperaturas de agosto es, en definitiva, la forma más eficaz de proteger tanto el bienestar animal como los resultados de la explotación. Consulta también cómo el estrés térmico afecta a otras especies ganaderas como el porcino y el bovino.

Preguntas frecuentes
¿Cuáles son los primeros auxilios que debo realizar en los casos puntuales?
Traslada al ave a la zona más fresca y ventilada disponible y facilita el acceso inmediato a agua fresca, sin forzarla a beber. Mejora la ventilación del entorno cuanto antes. Evita sumergirla en agua muy fría, ya que un enfriamiento demasiado brusco puede generar más estrés fisiológico en lugar de aliviarlo. Si no se recupera en pocos minutos, contacta con el veterinario.
¿Se destinan menos recursos al huevo para mantener la integridad de la madre frente a un golpe de calor en aves ponedoras?
Sí, y no solo por la vía ovárica que ya hemos comentado. El estrés térmico también deteriora directamente la función del oviducto: reduce la concentración de estrógeno y progesterona en sangre y compromete el metabolismo del calcio a nivel de la glándula de la cáscara, afectando su grosor y resistencia. En paralelo, el propio jadeo genera alcalosis respiratoria, que resta carbonato disponible para esa misma glándula. El resultado combinado es que el organismo prioriza sus funciones vitales por encima de la calidad y cantidad del huevo, incluso cuando el ave sigue poniendo con relativa normalidad.

¿El picaje también puede ser signo de estrés por calor?
No es un síntoma directo o clásico del golpe de calor, pero sí puede estar relacionado. El picaje se origina principalmente por la redirección del comportamiento de forrajeo y por desequilibrios en la serotonina, pero comparte con el estrés térmico la misma vía fisiológica de fondo: la activación del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal y la liberación de corticosterona. Por eso, en lotes ya sometidos a calor, es más probable observar también episodios de picaje como manifestación añadida del estrés general del animal.




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