El caballo en otoño: cuidados para una estación de transición

El otoño es una estación de transición para el caballo. Los días más cortos, las noches frías, las primeras lluvias y los cambios en la hierba obligan a su organismo a adaptarse en pocas semanas: cambia el pelo, cambia lo que come, su metabolismo se prepara para el frío y cambian los riesgos que encuentra en el prado. Por eso es una de las épocas del año en las que más conviene vigilar su estado general y apoyar su sistema inmunitario. Conocer estos cambios nos permite anticiparnos y ajustar los cuidados del caballo en otoño antes de que aparezcan los problemas.

La muda del caballo en otoño: cómo se prepara el pelo de invierno

El cambio de pelaje no depende tanto del frío como de la luz. Cuando las horas de luz disminuyen, el caballo produce más melatonina (la hormona que el cerebro libera en la oscuridad) y menos prolactina, y esa señal es la que pone en marcha el crecimiento del pelo de invierno. De hecho, un estudio con caballos y ponis comprobó que alargar artificialmente las horas de luz a partir del equinoccio de otoño ya no lograba revertir el crecimiento del pelo de invierno (O’Brien et al., 2020). Es decir, a finales de septiembre el cuerpo del caballo ya se ha preparado para el invierno.

Caballo en otoño pastando en un prado bajo un árbol de hojas amarillas

Formar un pelo nuevo, denso y protector exige energía y nutrientes. Un caballo con una dieta desequilibrada suele mostrar un pelo apagado, una muda lenta o irregular y zonas más finas. La piel y el pelo son la primera barrera protectora del caballo frente al frío y la humedad. Por eso, durante la muda conviene:

  • Revisar que la ración cubra bien las necesidades de proteína de calidad, minerales y vitaminas.
  • Cepillar con frecuencia para retirar el pelo muerto y vigilar el estado de la piel.
  • Valorar con el veterinario si conviene esquilar a los caballos que van a seguir trabajando y sudan mucho, ya que un pelo largo mojado tarda horas en secarse.

Alimentación del caballo en otoño: del pasto al heno, poco a poco

En otoño la alimentación cambia casi sin que nos demos cuenta. La hierba vuelve a brotar con las lluvias, pero su calidad es muy variable, y al final de la temporada la mayoría de los caballos pasa a depender más del heno y del forraje conservado.

Caballo comiendo heno junto a las cuadras en otoño

Pastos otoñales y laminitis

La laminitis es una de las enfermedades más dolorosas e incapacitantes del caballo (Geor, 2009). Afecta a las láminas del casco, unos pliegues muy finos que unen la pared del casco con el hueso del interior del pie (la tercera falange) y que sostienen todo el peso del animal. Cuando estas láminas se inflaman y se dañan, esa unión se debilita (Geor, 2010) y, en los casos graves, el hueso puede girar o hundirse dentro del casco. Un caballo con laminitis se resiste a caminar, carga el peso sobre los talones (a menudo con las manos adelantadas) y tiene los cascos calientes. Ante estos signos hay que llamar al veterinario cuanto antes, porque es una urgencia.

La hierba que rebrota en otoño puede acumular mucho azúcar. Las gramíneas almacenan energía en forma de fructanos, un tipo de azúcar que el caballo fermenta con rapidez en el intestino grueso. En pastos analizados entre abril y noviembre se han medido concentraciones de fructanos de entre 83 y 299 g por kilo de materia seca (Longland et al., 2012). Las noches frías combinadas con días soleados favorecen esta acumulación, porque la planta fabrica azúcares durante el día pero apenas los gasta al crecer.

Caballos pastando en un prado de hierba seca en otoño

Esto importa porque la mayoría de los casos de laminitis se dan en caballos que están en pastoreo, sobre todo cuando la hierba es rica en estos carbohidratos de fermentación rápida. Los animales con mayor riesgo son los que tienen resistencia a la insulina u obesidad, lo que se conoce como síndrome metabólico equino (Geor, 2009, 2010). En estos caballos conviene limitar las horas de pasto otoñal, evitar las primeras horas de la tarde en días soleados y fríos, y controlar su condición corporal.

Cambios graduales y cólico

El aparato digestivo del caballo tolera mal los cambios bruscos. Cualquier cambio de pasto a heno, de un lote de heno a otro o de cantidad de pienso debe hacerse gradualmente, repartiéndolo a lo largo de varios días. No es un detalle menor: en un estudio sobre impactaciones del íleon (un tramo final del intestino delgado) los casos fueron significativamente más frecuentes en otoño, y los autores lo relacionaron con los cambios de tiempo y de manejo alimentario propios de esa época (Hanson et al., 1998).

Agua, sal y electrolitos

Cuando pasa el calor del verano, el caballo bebe menos sin que nos demos cuenta, justo cuando su ración se vuelve más seca al aumentar el heno. Un caballo que bebe poco tiene más riesgo de cólico por impactación. Para animarle a beber:

  • Asegura agua limpia y siempre disponible, revisando bebederos y canalizaciones antes de las primeras heladas.
  • Ofrece agua templada si el agua está muy fría.
  • Mantén el acceso libre a sal, ya que el sodio estimula la sed y ayuda a que el caballo beba lo que necesita. Un bloque mineral de libre disposición es una forma práctica de cubrir este aporte; más abajo, en el apartado de desparasitación, te contamos cuál utilizamos en AMBiotec.

Presta atención también a los signos de deshidratación: mucosas secas o pegajosas, un pliegue de piel en el cuello que tarda en volver a su sitio y una orina escasa y oscura. Si los observas, avisa a tu veterinario, que valorará si el caballo necesita una rehidratación con aporte de electrolitos para recuperar su equilibrio hídrico.

Peligros de temporada en el prado: bellotas y semillas de arce

El otoño trae al prado dos riesgos que muchos propietarios desconocen.

Las bellotas. Contienen taninos y, consumidas en cantidad, pueden causar problemas graves. En una serie de nueve casos con sospecha de intoxicación por bellotas, los caballos presentaron diarrea con sangre, cólico y daño renal. Aunque solo una pequeña parte de los caballos expuestos enferma, los autores consideran prudente limitar el acceso en otoño (Smith et al., 2015).

Bellotas en una rama de roble

La miopatía atípica. Es una enfermedad muscular grave y a menudo mortal causada por la hipoglicina A, una toxina presente en las semillas (las conocidas «helicópteros») y los brotes del arce blanco o falso plátano (Acer pseudoplatanus). En un estudio en los Países Bajos, casi todas las muestras de esta especie contenían la toxina, mientras que el arce real (Acer platanoides) y el arce campestre (Acer campestre) no la presentaban en cantidades detectables (Westermann et al., 2016). Los caballos que pastan en prados pobres durante el otoño son los más predispuestos, y la toxina se mantiene incluso en el heno (Sponseller y Evans, 2024). Si ves debilidad, rigidez, temblores u orina oscura en un caballo que pasta cerca de arces, llama al veterinario.

Semillas aladas de arce colgando de una rama

Desparasitación del caballo en otoño: con criterio, no por calendario

El otoño es un momento clásico para revisar el plan de desparasitación, pero desparasitar «porque toca» ya no es la mejor estrategia. Durante años se trató a todos los caballos a intervalos fijos, y eso ha favorecido la resistencia de los pequeños estróngilos (ciatostomas) a dos de las tres familias de antiparasitarios disponibles (Lester y Matthews, 2014). Hoy se recomienda un enfoque dirigido para controlar los parásitos internos:

  • Hacer coprológicos (recuento de huevos en heces) para tratar solo a los caballos que lo necesitan.
  • Valorar con el veterinario pruebas específicas para tenias o para formas larvarias enquistadas, que los coprológicos no detectan bien.
  • Combinar el tratamiento con medidas de manejo, como retirar las heces del prado y evitar la sobrecarga de animales.

Esto es especialmente importante porque la salida masiva de larvas de ciatostomas desde la pared intestinal, que suele darse al final del invierno y la primavera, puede tener una mortalidad de hasta el 50 % (Matthews et al., 2023).

Además del tratamiento y del manejo, un intestino sano ayuda al caballo a afrontar mejor la presión parasitaria del otoño. Como apoyo al plan antiparasitario que establezca el veterinario, en AMBiotec utilizamos CocciBlock, un pienso complementario mineral en bloque formulado para rumiantes, porcino y equino. Su núcleo fitobiótico, a base de extractos vegetales y aceites esenciales, favorece el equilibrio de la microbiota y la salud intestinal, sobre todo en momentos de cambio de dieta como el otoño. Al mismo tiempo, como bloque mineral, aporta sodio, magnesio, zinc y vitamina E. Se coloca un bloque por caballo, siempre colgado para facilitar que lo lama y nunca en el suelo ni en el comedero. No sustituye a los antiparasitarios: debe integrarse en el programa sanitario.

Bloque mineral CocciBlock de AMBiotec

Lluvia, barro y humedad: atención a las extremidades y al casco

La lluvia otoñal convierte los paddocks en zonas embarradas, y el barro es uno de los puntos críticos de la estación para las extremidades del caballo.

Casco y cuartilla sobre el suelo embarrado del paddock

Arestines o dermatitis de la cuartilla

Los arestines (también llamados fiebre del barro) son una inflamación de la piel de la cuartilla, la zona situada justo encima del casco. Se reconocen por enrojecimiento, exudado y costras, y pueden llegar a producir dolor y cojera. Una revisión veterinaria reciente explica que es un problema multifactorial: aparece con más frecuencia en las extremidades posteriores, en patas blancas (no pigmentadas) y en razas pesadas con cerneja abundante, mientras que el papel de la lluvia y la humedad por sí solas todavía no está claro (Gerber et al., 2023). En la práctica, sí ayuda:

  • Revisar a diario cuartillas y talones, sobre todo en caballos con patas blancas o mucho pelo. Mantener un calendario regular con el herrador.
  • Evitar que el caballo pase todo el día en zonas encharcadas.
  • Si hay que lavar las patas, secarlas bien después. El secado es tan importante como la limpieza.
  • No arrancar las costras a la fuerza y consultar al veterinario si la lesión se extiende, supura o hay cojera, porque puede haber una infección que necesite tratamiento.

Conclusión: observar al caballo es el mejor cuidado

El otoño no tiene por qué ser una época complicada. La clave está en adaptar el manejo a cada cambio: acompañar la muda con una buena nutrición, cambiar la dieta poco a poco, vigilar bellotas y arces, planificar la desparasitación con el veterinario y cuidar las extremidades frente al barro. Y, sobre todo, observar a diario al caballo: su apetito, su forma de beber, su pelo y su manera de moverse son los primeros avisos de que algo necesita atención.

Caballo blanco con manta asomado a la puerta del box

Preguntas frecuentes sobre el caballo en otoño

¿Cómo afecta el otoño a los caballos mayores?

Los caballos mayores necesitan una atención especial cuando llega el frío. Les cuesta más mantener el peso, muchos tienen problemas dentales que dificultan masticar el heno y sus articulaciones notan más la humedad. Antes del invierno conviene:

  • Programar una revisión dental para asegurar que aprovechan bien el forraje.
  • Controlar la condición corporal cada pocas semanas y ajustar la ración a tiempo.
  • Revisar el plan de vacunas con el veterinario.

Además, el otoño es una época en la que la hipófisis del caballo está naturalmente más activa. Los niveles de ACTH, la hormona que se utiliza para diagnosticar la disfunción de la pars intermedia de la hipófisis (PPID, conocida popularmente como Cushing equino), son más altos entre agosto y octubre tanto en caballos sanos como en caballos con la enfermedad (Copas y Durham, 2012). Por eso, si tu caballo mayor muda tarde o de forma irregular, pierde músculo o tiene antecedentes de laminitis, el otoño es un buen momento para consultarlo con tu veterinario, que interpretará los análisis con los valores de referencia propios de la estación.

¿Manta sí o manta no?

El caballo está bien preparado para el frío: su pelo de invierno, la grasa corporal y el calor que genera al fermentar el forraje le protegen mejor de lo que imaginamos. Lo que peor lleva es la combinación de frío, lluvia y viento, porque el pelo mojado pierde su capacidad aislante. En general, la manta es útil en caballos esquilados, caballos mayores o delgados y animales sin refugio frente a la lluvia. En un caballo sano con su pelo de invierno, una manta innecesaria puede hacerle sudar y dejarle húmedo bajo la tela. Si la usas, revísala a diario y ajústala a las condiciones meteorológicas de cada día.

Caballos con mantas de invierno en el establo

¿Cómo montar a caballo en otoño?

Con temperaturas más bajas, el calentamiento debe ser más largo para preparar músculos y articulaciones y reducir el riesgo de lesiones. Al terminar, deja que el caballo se seque antes de devolverlo al box o al prado. Si suda mucho bajo un pelo largo, enfríalo al paso y usa una manta secadora. Con los días más cortos, el jinete debe cuidar también la visibilidad si sale a caminos al atardecer.